Entre el abandono y la necesidad de ser amada estaba yo, de pie frente al inalcanzable abismo del amor propio y la estabilidad emocional, yo era consciente del daño que me hacía, y tal vez eso era lo que seducía a mi depresión, allí sólo en ese momento cuando ví sus negros ojos y su fuerte mirada supe que mi vida se estaba desvaneciendo, supe que debía tomar una decisión, que no podía estar más en esa situación y que tampoco lo merecía, ni él. Sentí el alivio de liberar el corazón de tremendo infierno porvenir, sentís que ya no era mi lugar, no estaba cómoda, no era valorada como la valiosa persona que soy, simplemente no sabía que hacía allí. Mi mente lo empezaba a asimilar con más veracidad, pero aún tenía muchas preguntas: ¿Por qué me hizo esto? ¿Cómo puede estar tan tranquilo después de todo el daño que me hizo? ¿Cómo puede prometer algo que no siente, que no quiere? ¿Por qué?
Me puse a pensar y rumiar sobre mis sentimientos hasta que terminé interrogandome: ¿Por qué te dejaste hacer esto? ¿Cómo podés pensar que seguís amándolo después de todo el daño que te dejaste hacer? ¿Cómo podés sostener una promesa que hace tiempo alguien rompió? ¿Por qué todos te abandonaron?





